¿Cómo amas a Dios?

Ama al Señor tu Dios con todas tus fuerzas! lo he escuchado, lo he sabido y por supuesto lo he sentido, pero muchas veces me pregunto ¿cómo mas te amo Dios… cómo mas puedo amarte? Cómo puedo hacer que ese primer mandamiento inunda todo mi ser y permanezca en mí? o Cómo alguien puede siquiera pensar en esto sentado en una oficina con mucho trabajo que resolver, un jefe insatisfecho y un ambiente lleno de competencia y cosas mundanas?

Basta con ser bueno? Sonreír en un día malo? Ayudar al vecino? Ser agradecido? Yo creo que hay algo más que abre las puertas al agua viva. Tu presencia es poderosa e hizo que algunos siguieran tus pasos, pero solo algunos, porque dedicarse a las cosas de Dios no es la primera cuestión infundida en esta sociedad. El mundo nos atrapa fácilmente y es muy difícil escaparse de uno mismo; es mas fácil seguir a los demás y dejarse influenciar por lo que todos hacen y aplauden que seguir un destino guiado por nuestro Creador.

Qué perdidos que estamos, que desorientados! preocupados por un tiempo en la tierra que ya sabemos tiene fin y con poco interés de alimentar el alma con las cosas eternas, que bellas y simples que sí son. Se admiran a los santos, pero no muchos quieren ser como ellos.

 

 

El muro

Hay un muro que nos divide. Hay una pared tan grande y pesada que nos separa. En un lado están algunos atrapados y nunca podrán salir y en el otro están los que están libres.

Sin embargo, los que están libres también están presos. No saben cómo revelar ese descubrimiento hermoso. Se están moldeando para hacerlo, pero han logrado abrir esa puerta y han encontrado un mundo nuevo lleno de un amor que no tiene nombre.

Y los que están atrapados prefieren seguir allí porque de antemano saben de qué les están hablando y no quieren pensar en eso. Es mejor quedarse estancado en su lugar de confort donde rigen sus propias decisiones y una libertad que no existe.

 

La tentación de la mujer

En el libro La oración de Jabes para mujeres, la autora Darlene Marie Wilkinson, hace una pregunta a un grupo de mujeres sobre aquellas tentaciones que más las afectan. Aquí compartimos las respuestas del libro:

-Tentada a quejarme cuando las cosas no marchan a mi manera.

– Tentada a compararme con otros.

-Tentada a comprometer lo que sé que es bueno

-Tentada a no decir toda la verdad

-Tentada a guardar rancor y a rechazar el perdón

-Tentada a criticar a otros

-Tentada a celar a otros

-Tentada a chismear

-Tentada a estar descontenta con lo que tengo

-Tentada a malgastar el tiempo, como por ejemplo, pasar muchas horas viendo televisión.

-Tentada a imaginarme casada con otro hombre

-Tentada a darme gusto con libros o programas de contenido cuestionable.

-Tentada al enojo y a la pérdida de control

-Tentada a gritar o castigar a mis hijos

La autora también invita a preguntarse: cuales son las tres esferas en las que más se experimenta la tentación a pecar? Y aconseja registrar las respuestas en un diario, pedir a Dios que nos guarde de esas tentaciones y seguir el consejo de Santiago: ‘Así que sométanse a Dios. Resistan al diablo y el huirá de ustedes’.

La mente: laberinto de pensamientos

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¿Has pensado alguna vez cuántos pensamientos tienes en el día? ¿Cuántos pensamientos tienes por hora o por minuto? ¿Crees en realidad que todos los pensamientos que tienes son tuyos? O alguna vez has pensado que estos pensamientos fueron generados por la cultura en que naciste, por la crianza que tuviste o porque alguien más los está poniendo en tu cabeza?

 En una mente llena de toda clase de pensamientos has encontrado un momento para no pensar en nada? Has realmente puesto tu mente en blanco alguna vez? Lo has considerado importante si quiera?

Somos maravillosos por tener la habilidad de pensar, crear, imaginar, generar ideas, aprender nuevas cosas, pero cuando nos dirigimos al camino de la tortura, la desesperación y la agonía estamos decidiendo morir y no ser luz.

 Cuando tengas un pensamiento que no te de paz, que te genere culpa, que te genere demasiado raciocinio, que no te deje dormir, es entonces cuando tenemos que detenernos y aprender a ser niños otra vez. Ser felicidad. No estamos destinados a una vida de tragedia y aunque vivimos en un valle de lagrimas podemos dejar esas responsabilidades a alguien más, pero no parece fácil cuando creemos que nosotros podemos hacerlo todo. Que nosotros somos los dueños de nuestro destino y si, es verdad, somos los dueños de nuestras decisiones y acciones, pero es posible vivir desprendido de todo eso y mirar hacia arriba, donde están las respuestas, donde esta lo que en realidad nos espera, donde están la esencia y el significado de nuestra existencia: nuestro verdadero hogar.