La tentación de la mujer

En el libro La oración de Jabes para mujeres, la autora Darlene Marie Wilkinson, hace una pregunta a un grupo de mujeres sobre aquellas tentaciones que más las afectan. Aquí compartimos las respuestas del libro:

-Tentada a quejarme cuando las cosas no marchan a mi manera.

– Tentada a compararme con otros.

-Tentada a comprometer lo que sé que es bueno

-Tentada a no decir toda la verdad

-Tentada a guardar rancor y a rechazar el perdón

-Tentada a criticar a otros

-Tentada a celar a otros

-Tentada a chismear

-Tentada a estar descontenta con lo que tengo

-Tentada a malgastar el tiempo, como por ejemplo, pasar muchas horas viendo televisión.

-Tentada a imaginarme casada con otro hombre

-Tentada a darme gusto con libros o programas de contenido cuestionable.

-Tentada al enojo y a la pérdida de control

-Tentada a gritar o castigar a mis hijos

La autora también invita a preguntarse: cuales son las tres esferas en las que más se experimenta la tentación a pecar? Y aconseja registrar las respuestas en un diario, pedir a Dios que nos guarde de esas tentaciones y seguir el consejo de Santiago: ‘Así que sométanse a Dios. Resistan al diablo y el huirá de ustedes’.

No tengo el control de mi vida

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En algún momento de nuestra vida, tarde o temprano, nos damos cuenta que no tenemos el control. Ya llegará el día en que descubramos que no podemos hacer nada, los planes, el futuro, todo lo que queremos para nuestra vida no está en nuestras manos. Podemos tener todo estructurado, una vida organizada, pero siempre hay sorpresas que cambian todo.

Construir una familia y luego no tener nada. Luchar por un trabajo y luego perderlo. Hemos oído esto miles de veces, pero cuando no nos toca a nosotros simplemente lo dejamos pasar hasta que en algún momento llega y cuando llega entonces no lo entendemos.

Ese momento quizás ha llegado para muchos, un cambio, algo inesperado, muerte, perdidas, etc. Ese momento ha llegado porque es un nuevo despertar, porque simplemente estábamos dormidos, cómodos en la rutina de un mundo caótico. Somos carne y la carne se adhiere a todo lo que ve y nuestro espíritu mientras tanto, se disminuye, se vuelve cada vez más pequeño, lejano a sus maravillas, aislado. El mundo material nos absorbe de tal manera, que ya dejamos de ser nosotros, para convertirnos en lo que la sociedad nos ofrece, pero si se nos cae el velo y vemos esto, encontraremos entonces la verdadera libertad.

Esta vida es un regalo, es una oportunidad para crecer en espíritu, para volver a quien nos trajo aquí. Rendirse al control de uno mismo es la única manera de hallar la paz.

«Despierta, tú que duermes; levántate de entre los muertos, y Cristo te alumbrará.» Efesios 5:14

 

La mente: laberinto de pensamientos

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¿Has pensado alguna vez cuántos pensamientos tienes en el día? ¿Cuántos pensamientos tienes por hora o por minuto? ¿Crees en realidad que todos los pensamientos que tienes son tuyos? O alguna vez has pensado que estos pensamientos fueron generados por la cultura en que naciste, por la crianza que tuviste o porque alguien más los está poniendo en tu cabeza?

 En una mente llena de toda clase de pensamientos has encontrado un momento para no pensar en nada? Has realmente puesto tu mente en blanco alguna vez? Lo has considerado importante si quiera?

Somos maravillosos por tener la habilidad de pensar, crear, imaginar, generar ideas, aprender nuevas cosas, pero cuando nos dirigimos al camino de la tortura, la desesperación y la agonía estamos decidiendo morir y no ser luz.

 Cuando tengas un pensamiento que no te de paz, que te genere culpa, que te genere demasiado raciocinio, que no te deje dormir, es entonces cuando tenemos que detenernos y aprender a ser niños otra vez. Ser felicidad. No estamos destinados a una vida de tragedia y aunque vivimos en un valle de lagrimas podemos dejar esas responsabilidades a alguien más, pero no parece fácil cuando creemos que nosotros podemos hacerlo todo. Que nosotros somos los dueños de nuestro destino y si, es verdad, somos los dueños de nuestras decisiones y acciones, pero es posible vivir desprendido de todo eso y mirar hacia arriba, donde están las respuestas, donde esta lo que en realidad nos espera, donde están la esencia y el significado de nuestra existencia: nuestro verdadero hogar.

Sin ser parte del mundo

Durante gran parte de mi vida no entendí el mundo. No sentía que encajaba en ninguna parte. No comprendía porque teníamos que hacer ciertas cosas. Todavía hoy pienso en ese momento en mi vida en que me creí el cuento de que el éxito era ser alguien. Que con el dinero podría no solo sobrevivir sino adquirir un mejor estatus social. Qué tristeza. ¿Cómo es posible que nos hayamos creído esa historia? Que hayamos perdido y sigamos perdiendo nuestros segundos en algo más absurdo que una idea generada por los mismos hombres? Es que acaso nosotros somos solo carne? como es si quiera posible que hayamos desplazado a nuestra alma y no le demos la importancia que tiene.

Todos sus habitantes lloran, andan en busca de alimentos; dieron sus riquezas a cambio de comida para poder sobrevivir.

Vivimos en un estado de insatisfacción permanente. ¿A qué creemos que se debe esa insatisfacción? Adentro, nuestra mente se nubla por pensamientos que no nos pertenecen. No podemos oír los susurros de Dios. Caemos y caemos en el mismo lugar sin notar el sol, sin sentir sus rayos. No tenemos donde recostar la cabeza.

Yo por lo menos me cansé de vivir así. Me cansé de creerme ese cuento. Yo ya no quiero pensar en las cosas de los hombres y de la sociedad. Yo solo me dejo guiar por aquel que me hizo, aquel que me diseñó, aquel decidió darme la oportunidad de ser y me trajo a este mundo para que lo encontrara.

Volviendo a nacer

Después de ir y venir y buscar en todos lados respuestas, finalmente hallé la verdad. La razón y el sentido. Mis dudas se disolvieron y descubrí lo que siempre estuvo. Lo que siempre fue. Lo que siempre ha estado en todos y que por nuestra propia libertad decidimos creer. Yo lo acepté y desde ese momento puedo decir que al fin encontré el significado de la vida: Dios. Más allá no hay nada, solo incertidumbre.

Todos tenemos que vivir ese proceso, caminar de un lado hacia otro, probar el vacío  y buscar nuestras propias respuestas, pero una vez hallada la verdad, nada vuelve a ser lo mismo y la vida pasa a ser una real aventura.

Se acabó el control de tus días. Los horarios y planes se quedan en tu agenda porque ya no existe el control – aunque nunca existió – solo que ahora descubres que no lo sabías, que todas esas grandes responsabilidades y temores que alguna vez te insertaron en tu mente son solo cosas de los hombres y que más allá en un momento del tiempo está tu vida eterna,  esperándote. Una vida eterna por lo que debemos empezar a prepararnos.

Cada segundo en la Tierra es una oportunidad para sentir el gozo de Dios. Cada segundo en la Tierra es una oportunidad para tratar de amar a Dios y luego con su amor en ti, amar a los demás. Estos minutos que pasan son tan suyos que no se pueden desperdiciar. El tiempo que nos queda es para que Él haga en nosotros grandes cosas. No lo desperdiciemos.