Alimentar el espíritu

A veces cuando me levanto abrazando el lado oscuro me quedo ahí por un tiempo y me atrae. Me atrae tan fácil como si fuera lo único que tuviera. Ese lado oscuro parece placentero y confortable aunque luego se vuelve tan tan amargo que cuesta sonreír y salirse de sí mismo.

Pero muy adentro de mí sé que reside ese lugar llamado Esperanza. Mi lugar de descanso cuando al final del día pienso en el único y tangible hecho de que estoy viva y soy y que El creador del universo pensó en mí antes de la creación del mundo y mueve sus árboles con el viento todos los días para que los desesperanzados encuentren consuelo y los que están cansados encuentren descanso.

La vida es un nombre sobretodo nombre. El ruido en la cabeza es solo ruido. Lo que pasa ahora no perdura aunque los sentimientos negativos parecieran arrancarte la felicidad, sin embargo no es así, porque ellos también se van si lo permites y luego entiendes que nunca debiste alimentarlos demasiado.

 En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz y fue la luz.  Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.

Esta es una verdad que reside dentro de nosotros así como el Espíritu de Dios. Si lo dejamos morir nos quedamos en tinieblas, pero si lo abrazamos ya sabremos que pasa.