Sin ser parte del mundo

Durante gran parte de mi vida no entendí el mundo. No sentía que encajaba en ninguna parte. No comprendía porque teníamos que hacer ciertas cosas. Todavía hoy pienso en ese momento en mi vida en que me creí el cuento de que el éxito era ser alguien. Que con el dinero podría no solo sobrevivir sino adquirir un mejor estatus social. Qué tristeza. ¿Cómo es posible que nos hayamos creído esa historia? Que hayamos perdido y sigamos perdiendo nuestros segundos en algo más absurdo que una idea generada por los mismos hombres? Es que acaso nosotros somos solo carne? como es si quiera posible que hayamos desplazado a nuestra alma y no le demos la importancia que tiene.

Todos sus habitantes lloran, andan en busca de alimentos; dieron sus riquezas a cambio de comida para poder sobrevivir.

Vivimos en un estado de insatisfacción permanente. ¿A qué creemos que se debe esa insatisfacción? Adentro, nuestra mente se nubla por pensamientos que no nos pertenecen. No podemos oír los susurros de Dios. Caemos y caemos en el mismo lugar sin notar el sol, sin sentir sus rayos. No tenemos donde recostar la cabeza.

Yo por lo menos me cansé de vivir así. Me cansé de creerme ese cuento. Yo ya no quiero pensar en las cosas de los hombres y de la sociedad. Yo solo me dejo guiar por aquel que me hizo, aquel que me diseñó, aquel decidió darme la oportunidad de ser y me trajo a este mundo para que lo encontrara.

Volviendo a nacer

Después de ir y venir y buscar en todos lados respuestas, finalmente hallé la verdad. La razón y el sentido. Mis dudas se disolvieron y descubrí lo que siempre estuvo. Lo que siempre fue. Lo que siempre ha estado en todos y que por nuestra propia libertad decidimos creer. Yo lo acepté y desde ese momento puedo decir que al fin encontré el significado de la vida: Dios. Más allá no hay nada, solo incertidumbre.

Todos tenemos que vivir ese proceso, caminar de un lado hacia otro, probar el vacío  y buscar nuestras propias respuestas, pero una vez hallada la verdad, nada vuelve a ser lo mismo y la vida pasa a ser una real aventura.

Se acabó el control de tus días. Los horarios y planes se quedan en tu agenda porque ya no existe el control – aunque nunca existió – solo que ahora descubres que no lo sabías, que todas esas grandes responsabilidades y temores que alguna vez te insertaron en tu mente son solo cosas de los hombres y que más allá en un momento del tiempo está tu vida eterna,  esperándote. Una vida eterna por lo que debemos empezar a prepararnos.

Cada segundo en la Tierra es una oportunidad para sentir el gozo de Dios. Cada segundo en la Tierra es una oportunidad para tratar de amar a Dios y luego con su amor en ti, amar a los demás. Estos minutos que pasan son tan suyos que no se pueden desperdiciar. El tiempo que nos queda es para que Él haga en nosotros grandes cosas. No lo desperdiciemos.